martes, 27 de marzo de 2018

Garcinarro, un viaje en el tiempo

Sigo pensando que cada pueblo, o si me apuráis cada zona o comarca, tiene algo que puede servir como motor de progreso. Ya sabéis que es un discurso recurrente en mí, y del que cada día estoy más convencido.

Y también sabéis que no todo deben ser fábricas, ni es deseable que así sea, como tampoco todo debe ser desarrollo exógeno. No todo va a ser morir... Al menos mientras queden fuerzas y entre un resquicio de luz por cualquier agujerillo que se precie.

Iglesia Ntra. Sra. del Sagrario
El empleo, que es la base sobre la que debe asentarse cualquier iniciativa, puede adquirir numerosas formas y expresiones. Sólo hay que buscarlo y adaptarse, tener la mente abierta y la suficiente humildad y ganas como para pensar que con esfuerzo y un buen proyecto todo puede conseguirse.

Os invito a conocer Garcinarro, uno de los tres pequeños núcleos de población que, junto a Mazarulleque y Jabalera, conforman el municipio de Valle de Altomira, en la Alcarria Conquense, a escasos 8 kilómetros de los embalses de cabecera del Tajo de Entrepeñas y Buendía.

Aunque parezca inverosímil, este pequeño pueblo se haya inmerso en una de los proyectos más bonitos y de futuro que alguien pueda tener: conseguir evitar la desaparición y la salida de nuevas familias de la localidad en base a su patrimonio y sus recursos históricos, que son diversos y abundantes. Y para lo que están iniciando, tras confirmar la enorme sorpresa que esconde su entorno, que por otra parte es precioso, un ambicioso proyecto de excavación y museización del Yacimiento arqueológico de La Cava.

La Cava es un yacimiento que data de, aproximadamente, 4.000 años, que hunde sus raíces en la edad del Bronce, y en el que han dejado su impronta diferentes civilizaciones.

Yacimiento de La Cava
Detrás hay un excelso y meritorio trabajo de descubrimiento, y de fe, de un grupo de personas de la localidad, encabezadas por su alcalde, que apuestan por sus recursos y, lo que es más importante, por la certeza de que quien debe liderar cualquier iniciativa de desarrollo son los propios vecinos del pueblo. O lo que es lo mismo, nadie va a venir a muchas de nuestras latitudes a creer en un proyecto de futuro si nosotros, quienes habitamos el terruño, no nos lo creemos. Para hacer es necesario creer.

En Garcinarro se cree en La Cava, como se cree en su Iglesia, en honor a Nuestra Señora del Sagrario, declarada monumento histórico artístico desde 1982; igual que se cree en su museo o en su antigua escuela, digna de visitar. Lugares diversos que forman parte de un todo, que cuestiona cualquier idea preconcebida que llevemos cuando nos adentremos en el término municipal de Garcinarro.

Antigua escuela
En una zona que recuerda a desierto demográfico con sólo nombrarla, La Alcarria, Valle de Altomira busca la manera de seguir siendo parte activa del paisaje habitado de la Castilla profunda, la que late y padece entre las provincias de Cuenca y Guadalajara, la que sufre con cada expolio hídrico del Trasvase.

Por eso, junto a algún escarceo cárnico promovido en Mazarulleque que da trabajo a varias familias de la localidad, Garcinarro y Jabalera están apostando por el turismo rural, y la colaboración, como forma de progreso –o al menos de intento de progreso-.

Ambos núcleos disponen de diversos establecimientos de turismo rural, caracterizados por la diversidad y el buen gusto, así como de comercios y establecimientos de restauración. No obstante, si lo que buscamos es completar la visita con alguna actividad, podremos hacerlo. Como decía, la colaboración forma parte de la economía de la comarca, y será tan sencillo como ponerlo en conocimiento de los responsables de los establecimientos en que nos alojemos. Probablemente, los embalses de Entrepeñas y Buendía puedan ser un entorno ideal para soltar adrenalina.

Garcinarro, y el Valle de Altomira, tiene mucho trabajo por delante pero reconforta pensar que en un ámbito caracterizado por el lamento continuo, el trasiego de culpas y las fotos como forma de autopromoción sobre fondos vacíos de contenido –y de esto alguno sabe bastante-, Garcinarro tiene un plan y tiene fe. Y eso es de agradecer.