jueves, 1 de febrero de 2018

Reviviendo St. Jean Monclar



"Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible".
Hermann Hesse

Creo que hay tres cosas de las que podemos sentirnos orgullosos en la vida: una es de la familia, otra de los hijos y la tercera de los amigos.

Los primeros nos vienen impuestos; los segundos los educamos de la manera que consideramos más adecuada y acorde a nuestros planteamientos vitales. A los terceros, los elegimos, por eso son tan importantes. 

Hace tiempo coincidí con Jesús Calzadilla, un consultor especializado en desarrollo rural -¡como no!- que, por aquel entonces, recorría España en busca de proyectos multi-disciplinares que, como es normal, ayudase en la tarea, por todos conocida, de llegar a fin de mes. No sé en qué momento se nos encendió la chispa pero la sintonía fue casi inmediata.

Hace tiempo me habló de un proyecto local de desarrollo que tuvo lugar en Francia durante la segunda mitad del siglo XX; y lo único que recordaba es que lo había leído en una de esas revistas que llenan los respaldos de los asientos de los aviones para entretenimiento del personal mientras viaja. 

Con motivo de la celebración de las Jornadas "Despoblación, economía y desarrollo del medio rural en CLM", en julio de 2017, le pedí que recuperase el artículo en cuestión. No me hizo falta por aquel entonces pero reconozco que se me quedó en el disco duro.

Hoy quiero recuperarlo; me parece un magnífico ejemplo de cómo pueden aprovecharse las potencialidades y los recursos propios, de la importancia de la planificación y de la voluntad para alcanzar un objetivo que, en la mayoría de las ocasiones, debe ser a medio-largo plazo.

El texto originario está en inglés -os acompaño imagen-, por lo que he tenido que tirar de recursos académicos mentales, que no todo se consigue con Google Translate. Disculpad, por tanto, las posibles interpretaciones erróneas que puedan existir.
Primera página del texto original

REVIVIENDO ST.-JEAN MONTCLAR.
En 1968, el futuro parecía sombrío para St-Jean Montclar, un pequeño y remoto pueblo de montaña acurrucado en la ladera sur de los Alpes franceses, a poco más de dos horas en coche de Marsella. La última tienda, una tienda de comestibles, acababa de cerrar sus puertas. La gente joven se iba en masa a la ciudad. La población ascendía a 200 habitantes, reduciéndose rápidamente. 

Montclar parecía dirigirse a la extinción, como tantos otros pueblos en Francia, que en los últimos 50 años cambiaron la economía, principalmente rural, a una urbanizada.

"Era cuestión de hacer o morir", recuerda Odile Quièvre, cuya familia ha vivido en Montclar durante más tiempo del que cualquier persona puede recordar. "Somos personas de montaña de corazón y no queríamos dejarla. Eso fue muy importante para nosotros ". Por eso, los tozudos granjeros de Montclar se lanzaron a una aventura empresarial especulativa que sigue siendo la única de su tipo en Europa.

Hoy Montclar mantiene la atmósfera íntima de una pequeña aldea. Pero también tiene 40 negocios, ocho restaurantes y tres hoteles: Quièvre dirige uno de ellos, Le Domaine de l'Adoux, con su marido, Alain. Éstas, además de nuevas casas de huéspedes, gîtes[1] (alojamientos con derecho a cocina) y campings, ofrecen alojamiento para 4.000 invitados y acumulan hasta 400.000 noches al año. La población se sitúa en poco menos de 500 habitantes, pero sería mayor si no fuera por la escasez de viviendas. La escuela, que una vez apenas reunió a nueve alumnos, ahora cuenta con 64, e incluso hay un jardín de infancia. ¿Cómo lo hicieron?

A mediados de los años 60, Henri Savornin, el joven alcalde de Montclar (y el padre de Quièvre), tuvo una idea certera: ¿y si se transformara la comunidad agrícola en un destino de deportes de invierno? Con, potencialmente, 50 km. de pendientes en altitudes que van desde los 1.350 m. hasta los 2.500 m., era un plan plausible. Su pequeño presupuesto municipal podría pagar la factura para los remontes. Pero el espacio y las finanzas para la infraestructura turística tendrían que venir de otro lado.

Segunda página del texto original
Lo que sucedió después requirió que los habitantes de Montclar se arriesgaran a una apuesta audaz y a un gigantesco acto de fe.

Savornin estuvo pensando y valorando con amigos, vecinos y parientes. Ocho familias de agricultores, incluida la suya, acordaron sacar una hipoteca sobre algunas de sus tierras. Otros hicieron una contribución financiera, algunos tan poco como el equivalente a 760 €. Otros, 4.500 € o más a cambio de acciones en la empresa. "Si no los hubiera hecho invertir, habría sido imposible ", recuerda Savornin hoy." Sin la confianza de nuestros habitantes, nunca hubiéramos sido capaces de hacer algo tan peculiar ".

Se pusieron los primeros ladrillos del nuevo mundo: un hotel, apartamentos de vacaciones, un restaurante, una piscina y una tienda de deportes. Tardaron cinco años, pero Montclar, finalmente, abrió sus puertas como una estación de esquí hace (casi) 48 años, en diciembre de 1970.

Parecía un paso extremo para la gente de Montclar pero, ¿cuál era la alternativa? "No dudamos un minuto ", recuerda Michelle Albano, cuya familia fue una de las primeras en hipotecar sus tierras." Mi madre vio que su pueblo iba a morir. Todo por lo que ella había trabajado durante toda su vida, desaparecería. Hubiera sido el fin de todo (en este pueblo) ".

No fue la última vez que se pasó el sombrero. Financiado con esquemas similares, el complejo se expandió. También se desarrolló un comercio turístico de verano, más pequeño, basado en el senderismo y en los deportes acuáticos de los lagos cercanos y el río Ubaye, así como dos extravagantes festivales dedicados a la música country e hispana de los Estados Unidos. En 1990, se terminó otro hotel.

Mientras tanto, en 1985 se presentó una oportunidad comercial diferente: un empresario propuso una planta que embotellase agua mineral del manantial de montaña subterráneo de Montclar, considerado uno de los más puros de Francia. Cuarenta y tres residentes aportaron el equivalente actual de 140.000 € para los costos de puesta en marcha.

La planta fue adquirida por el grupo Nestlé en 1995, y asumida nuevamente en 2000 por La Société des Eaux Minérales de Saint-Amand, la cuarta compañía de agua mineral más grande de Francia. Hoy la planta de Montclar emplea a 23 personas y vende más de 40 millones de botellas al año, principalmente a través de la cadena de supermercados Carrefour. También destacó su ascendencia local (comarcal) al convertirse en proveedor oficial del maratón de Marsella ese mismo año.

En cada etapa, la inversión local era completada con subvenciones estatales y regionales, préstamos bancarios y capital privado. Pero el mismo objetivo siempre permaneció firmemente a la vista: que el pueblo tuviera el control último sobre su propio futuro

"No queríamos atraer inversores: queríamos que esto fuese hecho por la comunidad ", dice Odile Quièvre. "Todos se echaron manos a los bolsillos: fue una especie de esfuerzo de guerra. Y a las personas se les dijo: 'Esto no será para usted, tal vez no para sus hijos, sino para las próximas generaciones ".

St. Jean-Monclar en la actualidad
A medida que pasó el tiempo, la gente, eventualmente, comenzó a observar el retorno de su inversión. Algunos tuvieron la oportunidad de comprar apartamentos para alquilar a una tarifa preferencial. Otros lanzaron sus propios negocios. El grupo primigenio que hipotecó su tierra y sus ahorros en los años 60 tuvieron que esperar hasta 2006 para ver su dinero de vuelta. "Pero no importó". Michelle Albano comenta que "tuvimos la gran satisfacción de ver que las familias podían quedarse en el pueblo, que había trabajo para sus hijos. Y había una gran calidad de vida. Fue una experiencia muy enriquecedora en ambos sentidos, el económico y el humano, así que el éxito fue doble".

En la actualidad Savornin -el segundo en una dinastía de 14 niños, todos ellos hombres- tiene 80 años. Y sigue siendo el alcalde, una oficina que ha ocupado durante 51 años. Asegura trabajar en su despacho hasta, por lo menos, las 10 en punto cada noche ("Este es un trabajo de locos ", refunfuña de manera poco convincente) y planea quedarse hasta las próximas elecciones (de 2014) cuando podría contemplar su jubilación.

"Nos ha llevado una vida entera lograr esto", dice con satisfacción. Pero, siempre inquieto, tiene más planes, grandes planes (para 2011): “La Casa del Agua y el Hielo” que será parte balneario, parte museo, cofinanciado por EDF (la empresa de servicios públicos Electricité de France), que patrocina una sección dedicada al agua como fuente de energía. Y el complejo también necesita un nuevo telesquí, un seis-plazas de alta velocidad que duplicará el tráfico en las pistas pero tendrás un coste de 6.5 millones de €.

Es una historia inspiradora pero, invariablemente, hay voces discrepantes. Mientras que algunos ven a Savornin como el salvador de la aldea, otros lo ven como una especie de figura del Padrino, incluso un Stalin. ¿No son estos proyectos vanidosos?, se preguntan. ¿Debería el pueblo seguir expandiéndose tan rápido, tan imprudentemente, en tiempos de recesión? Y, ¿es bueno para el mismo hombre estar al mando durante más de medio siglo?

Savornin se encoge de hombros. Él fue, señala, originariamente elegido con una mayoría del 82%; en otras palabras, el 18% de los votos fueron en su contra. "Les chien aboient, la caravane passé", dice, citando un proverbio local. "Los perros ladran, pero la caravana avanza", explica. En Francia, si esperamos a que todos estén de acuerdo, nunca obtendrá daremos nada por hecho. Pero soy un optimista incorregible ".

Texto original: Compañía aérea EasyJet.

[1] Alojamiento independiente en el campo, junto al mar o en la montaña. La casa rural es completamente independiente con uno o más dormitorios, un salón o comedor, una cocina y un baño.

1 comentario:

Unknown dijo...

Gratamente sorprendida por este pequeño artículo, ejemplo de superación y capacidad del ser humano por conseguir objetivos casi imposibles. Cientos de pueblos condenados al abandono en nuestra maravillosa España, que con un poco de ayuda llegarian a ser lugares mágicos llenos de paz y tranquilidad.

Apoyo incondicional al desarrollo de las zonas rurales como a sus gentes. Llenas de sabiduría y de gran corazón.

Enhorabuena por este artículo!

Noelia Rodríguez Garcia